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domingo, 26 de agosto de 2012




UNA NOCHE DE LUNA

“La noche imperiosa se posó en la colina. Al final de ella estaba mi posada que tú conoces y admiras. Te invité para que vayas a conocer mis aposentos y te quedes en ellos hasta el amanecer. Tomaremos vino y comeremos nísperos para que podamos después leer los vedas y los oráculos del amor y de la vida. Yo sé que las delicias del amor estarán cerca de nosotros. Nos invitaran a posarnos en ellas pero te prometo que de mi parte resistiré hasta las tres o cuatro de la mañana. No se si llegare a la madrugada incólume y libre. No se. La luna será testigo de mi inocencia pasajera. La noche contemplara esta sabiduría mía. Pero ven. Te prometo que seré fuerte y que mi discurso versara sobre el amor y la vida”.

Mondragón terminó de discursear y se derrumbó en la cama. La mujer joven que estaba desnuda en la hamaca miró el teléfono. Habló quedamente: “¿Quieres que llame? Mondragón le contestó mirándose su talón de Aquiles: “Si. Y que me envíen unos paquetes de viagra”


José Ñique-Lima-Perú


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