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martes, 28 de agosto de 2012




PIRAGUA

Luzmila Chirizanti vio que no tenía gallinas para comer. El corral estaba casi vació y algunos patitos caminaban por doquier. Sacó la piragua de la tienda y se dispuso a ir de pesca. Su marido en la gran sala le preguntó en su idioma a donde iba, y ella le repuso que iba a pescar. “ikanti meeka nohate" le contestó el marido y ella ya no lo escuchó porque navegando en la embarcación pequeñita se deslizaba por el gran río Ucayali. En las orillas lejanas a lo lejos se percibía los cultivos de yuca, plátano, maíz, maní, camote, sachapapa, pituca. Las opankos chiquitas la despedían con sus cocinas humeantes y sus gentes que apenas distinguía.
                                                                              
Era emocionante deslizarse silenciosamente por el agua. Sus manos casi rozaban el agua y como era de mañana distinguía las garzas reales y los guacamayos que lanzaban sus cantos que se escuchaban lejanos. Parecía por momentos que la seguían y ella suspiraba.

Luzmila cuando tiró la red para pescar paiches para el almuerzo no pensó más que en la criatura que acunaba en su vientre.


José Ñique-Lima-Perú


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