PIRAGUA
Luzmila
Chirizanti vio que no tenía gallinas para comer. El corral estaba casi vació y
algunos patitos caminaban por doquier. Sacó la piragua de la tienda y se
dispuso a ir de pesca. Su marido en la gran sala le preguntó en su idioma a
donde iba, y ella le repuso que iba a pescar. “ikanti meeka nohate" le
contestó el marido y ella ya no lo escuchó porque navegando en la embarcación
pequeñita se deslizaba por el gran río Ucayali. En las orillas lejanas a lo
lejos se percibía los cultivos de yuca, plátano, maíz, maní, camote, sachapapa,
pituca. Las opankos chiquitas la despedían con sus cocinas humeantes y sus
gentes que apenas distinguía.
Era
emocionante deslizarse silenciosamente por el agua. Sus manos casi rozaban el
agua y como era de mañana distinguía las garzas reales y los guacamayos que
lanzaban sus cantos que se escuchaban lejanos. Parecía por momentos que la
seguían y ella suspiraba.
Luzmila
cuando tiró la red para pescar paiches para el almuerzo no pensó más que en la
criatura que acunaba en su vientre.
José Ñique-Lima-Perú

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