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lunes, 13 de agosto de 2012


AH LA MAGIA

Esta era una casa grande cerca de un río inmenso, o al menos así me parecía. Tenia unos árboles grandes en el corral y una banca grande, muy grande donde se sentaba todas las tardes el abuelo, y en donde las gallinas correteaban junto a los pavos y patos que mi abuela criaba. Ahí el abuelo me enseñó un truco de magia muy gracioso que siempre he tratado de hacerlo y siempre he fracasado. La fantasía que mi abuelo me enseñó ha quedado grabado par siempre en mi mente y las imágenes mágicas que tengo de esos tiempos no lo voy a olvidar nunca. Un día de calor inmenso estaba yo tratando de buscar las canicas que había dejado la tarde anterior jugando con mis primos y primas y mi abuelo llegó con una sandia jugosa para invitar a todos los niños. Traía también un globo grande. Nos dijo: “A ver niños miren esto y quien lo haga igual que yo se comerá la sandia”. Todos corrimos hacia donde estaba el abuelo. El abuelo nos mostró el globo y con una tijera corto en mitad al globo. Este era de un color azul y era parecido a los globos que se cuelgan cuando los niños cumplimos años y los adultos toman mazamorras, gelatinas de mil colores y luego ají de gallina y cerveza. Ellos son los que mas se divierten en las fiestas infantiles. Luego que el abuelo cortó al globo, tarareando una canción gitana, y diciendo luego las palabras mágicas “taran tarin”, infló el globo cortado.
Los niños quedamos impresionados tanto que lo que comentábamos toda la semana posterior era sobre el abuelo, el mago y su globo magico.

José Ñique

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