El mundo del boxeo… aconteceres.
Mamá gritó el niño cuando advirtió que la madre salía para ir a trabajar.
La empleada cogió al crío y lo condujo hacia la sala. El marido mientras tanto tomaba
el maletín ejecutivo para dirigirse a la oficina.
De repente los pugilistas entraron en escena con un intercambio de
golpes a discreción. El hombre dio un beso al nene y salió a la calle. La empleada
se sentó frente al aparato y observó el combate que ingresaba a su segundo asalto.
El boxeador de truza amarilla, un negrazo alto y fortachon era el que
más atacaba. Lo hacia en forma continua y bailaba sin parar. El otro solamente
atinaba a defenderse.
El pequeñín comenzó a fastidiarse y comenzó a gatear por la sala. La empleada
lo alzó y lo instaló en el corralito. Ya
había empezado para entonces el tercer round y los pugilistas seguían golpeándose
sin cesar.
Sonó el teléfono. Era la madre que llamaba para saber si se había
marchado el marido. “Si señora el señor ya salió”.
El “Veco” en la televisión gritaba sobreexcitado: “que pelea señores”
José Ñique-Lima-Perú
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