UNA NOCHE DE LUNA
“La noche imperiosa se posó en la colina. Al
final de ella estaba mi posada que tú conoces y admiras. Te invité para que
vayas a conocer mis aposentos y te quedes en ellos hasta el amanecer. Tomaremos
vino y comeremos nísperos para que podamos después leer los vedas y los
oráculos del amor y de la vida. Yo sé que las delicias del amor estarán cerca
de nosotros. Nos invitaran a posarnos en ellas pero te prometo que de mi parte
resistiré hasta las tres o cuatro de la mañana. No se si llegare a la madrugada
incólume y libre. No se. La luna será testigo de mi inocencia pasajera. La
noche contemplara esta sabiduría mía. Pero ven. Te prometo que seré fuerte y
que mi discurso versara sobre el amor y la vida”.
Mondragón terminó de discursear y se derrumbó
en la cama. La mujer joven que estaba desnuda en la hamaca miró el teléfono.
Habló quedamente: “¿Quieres que llame? Mondragón le contestó mirándose su talón
de Aquiles: “Si. Y que me envíen unos paquetes de viagra”
José Ñique-Lima-Perú

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