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jueves, 23 de agosto de 2012


VILLANAS


Hay millones de historias sobre villanos, pero muy pocas sobre villanas. Permítanme  contar la historia sobre los últimos días de una de ellas. El nombre no importa mucho; podría llamarse Carlota Colt o Mariela Kid, eso es lo de menos.  Lo que interesa al lector es su tragedia,  que narraré ciñéndome a la realidad, tal ocurrió hace unos días en esta ciudad horrible. Ella era una “mujer de la calle”, como llaman aquí a las mujeres alegres; agraciada hasta el dolor,  arrancaba suspiros a los viejos verdes y malas ideas a los muchachos impúberes. Su zona de trabajo comprendía toda la plaza Dos de Mayo hasta el cine Tacna, que lo recorría como una presa en celo, desde las seis de la tarde hasta bien entrada la madrugada. El patán que vivía con ella era un ladrón de poca monta y borrachín, que se llamaba Fermín para más señas. El lunes se pasó de tragos y se fue a buscarla para hacerle la bronca. Ella que era una mujer pasiva, no quiso seguirlo. El borracho le asestó treinta puñaladas al hilo.

Al día siguiente apareció en el “Caravemos”, un periodiquillo de esos tiempos, el titular siguiente: “Caficho mata a prosti con treinta puñaladas al hilo”


José Ñique

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