MI PRIMER VIAJE EN CRUCERO
El barco blanco estaba en el puerto esperando
que los pasajeros nos embarcáramos. Mi boleto para el viaje lo tenía en mi
cartera de mano y nerviosa esperaba que me indicaran el abordaje. Mis gafas de
sol impresionantes me permitían esconder una risita nerviosa.
El destino era una de las misteriosas islas del
caribe.
Una vez en alta mar un marinero guapísimo,
rubio y pecoso vino hacia mi habitación y me entregó una invitación cordial del
capitán Smith para dirigirme al comedor. Entendí que a todos los pasajeros también
les extendían la invitación aquella. Así que me puse mi mejor vestido, uno de
encaje negro, y subí al comedor. Grande fue mi sorpresa encontrarme a solas con
el capitán. Mayor fue cuando el viejo verde me tomó de la cintura y me dijo: “Agora
si puede invitarla señorita a pasear por el barco”.
Sin que medie una reacción mía y aceptando sin
saber porqué nos dirigimos hacia la parte alta del barco. Ahí cerca de las
piscinas Rodolfo Smith me beso apasionadamente mientras me decía “Pensé que no
venias corazón”.
José Ñique-Lima-Perú

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