LA CASA, LA CALLE Y EL CAMINO
Salgamos: ya en la calle no hay barro, ni los coches nos atropellan, ni los carromatos nos ensordecen, ni los transeuntes nos codean, ni el sol nos tuesta, ni la lluvia nos cala, ni el viento helado, sutil, del Guadarrama nos petrifica. Salgamos: un sociologo-poeta , el ingles Wells, nos conduce con su fantasia profetica ante el espectáculo estupendo de la civilizacion futura. El cielo está azul, limpio, radiante; es medio dia; los ligeros caparazones de cristal que cubren las calles han sido descorridos; bajan oleadas de viva luz solar hasta el arroyo, y el aire tibio, suave, conforta y vivifica nuestros pulmones. Paseemos lentamente, voluptuosamente. La calle es un salón: la movible plataforma central avanza y se aleja cargada de transeuntes que van a sus quehaceres; por los lados, ante las tiendas, la multutud, limpia, elegante, viva, sana, elastica, marcha sin confusiones ni estrepitos, jovial, despreocupada. ¿Que era la calle en los tiempos remotos? Un autor antiguo -Miguel de Unamuno- nos cuenta que para el un paseo or una calle del historico Madrid constituia un trabajo inmenso; estruendo formidable de los vehiculos, campanillazos de tranvias, mandaderos que corren y tropiezan, charcos que hay que evitar a cada instante, escalones y desniveles en que hay que poner la atencion en todo momento, esquinas que doblamos y tras las cuales nos damos un testarazo con un transeunte que avanza rápido; gentes que caminan delante de nosotros, por una acera estrecha, despacio, y que se ladean a la izquierda cuando nosotros queremos desviarnos a la derecha...; todo esto, durante una hora, durante dos horas, fatiga, anonada, aplasta con peso abrumador el cerebro. "Y parece-decia Unamuno- que una espesa y fuerte red de hilos invisibles está tendida por estas calles, y que nosotros, cuando salimos, hemos de ir rompiendolas con nuestro esfuerzo, con nuestra vigilancia, con nuestra atencion para evitar tropezones, encontronazos y caidas, y que este trabajo incesante de destruir la red es el que nos hace caer rendidos y enervados en casa cuando la peregrinacion ha terminado"
José Martinez Ruiz (Azorin)
No hay comentarios:
Publicar un comentario