¿Y SI ATRAPAMOS AL HUMO?
Cuando Miguel advirtió el incendio en la casa de su
vecina Margarita se fijó que en una bolsa de papel el humo subía, escalaba,
trepaba. Al día siguiente refirió a su hermano Patricio esta experiencia y le
preguntó absorto: “¿Y si atrapamos al humo?” El hermano lo miró de reojo, se
alarmó y comentó a la madre casi llorando: “Miguel está con los chicotes
cruzados”.
Miguel sin hacer caso de los comentarios de Patricio se
puso a bosquejar unos morrales monumentales y las recubría de miel de abeja.
Luego en un enorme canastón que encerró con una mesa de fuego achicharró paja y
ropa de lana. En el canastón instaló a unos animalillos inocentes: un pato, a
un ganso y a una oveja.
Encendió fuego y sopló, exhaló y bufó. Llenó con el
calor la bolsa y esta se fue hinchando, inflando abultando. Y el canastón
comenzó a elevarse, encumbrarse, engrandecerse. El pato fue el primero en darse
cuenta de que la tierra estaba lejana. Después el ganso y por ultimo la oveja.
La tierra efectivamente estaba lejana, distante, alejada.
José Ñique-Lima-Perú

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