ZAPATERO A TUS ZAPATOS
“A mi no me van a fastidiar señores”, gritó el
policía municipal. Benito, que era un mulato le increpó diciéndole: “vete de
aquí”. Casimiro como se llamaba el policía le contestó: “Oye negro de
miércoles…” y un golpe en la nariz le recordó que el hombre no tenía mucha
paciencia. De nada le sirvió levantarse y llorar. Estaba decidido que tenia que
largarse. Farolero y rebuscón como el mismo se acomodó a la situación y tomando
su gorro se alejó. Gorro hecho de piel de conejo que estaba sucio y ajado.
Había caminado unos pasos cuando vio a su novia. Inés se sorprendió al verlo
triste. “! Julio ¡”- lo llamó. Kilos de sudor recorrió el rostro de Casimiro al
verse confundido por otro. La chica descubierta quiso enmendar la falta. “Mejor
no hables” le dijo el novio enojado. “No digas nada”. “Ñada, entendiste?”. “O
que miércoles te ha pasado”. “Pendenciera”. “Quiero decirte que te odio”. “Remiercoles”.
Sacudió el gorro. Temblaba y sudaba
copiosamente. “Uno no debe confiar en nadie” dijo quedamente. Volvió la mirada.
“Washington y Ximena lo tienen que saber ahora maldita”. “Ximena que es tu
hermana se morirá de vergüenza”. Y estaba a punto de llorar nuevamente cuando
escuchó. “Zapatero a tus zapatos” le decía Inés mientras tomaba un taxi y se alejaba
rápidamente del lugar.
José
Ñique-Lima-Perú

Para las patas...
ResponderEliminar