AH LA MAGIA
Esta era una casa grande cerca de
un río inmenso, o al menos así me parecía. Tenia unos árboles grandes en el
corral y una banca grande, muy grande donde se sentaba todas las tardes el
abuelo, y en donde las gallinas correteaban junto a los pavos y patos que mi
abuela criaba. Ahí el abuelo me enseñó un truco de magia muy gracioso que
siempre he tratado de hacerlo y siempre he fracasado. La fantasía que mi abuelo
me enseñó ha quedado grabado par siempre en mi mente y las imágenes mágicas que
tengo de esos tiempos no lo voy a olvidar nunca. Un día de calor inmenso estaba
yo tratando de buscar las canicas que había dejado la tarde anterior jugando
con mis primos y primas y mi abuelo llegó con una sandia jugosa para invitar a
todos los niños. Traía también un globo grande. Nos dijo: “A ver niños miren
esto y quien lo haga igual que yo se comerá la sandia”. Todos corrimos hacia
donde estaba el abuelo. El abuelo nos mostró el globo y con una tijera corto en
mitad al globo. Este era de un color azul y era parecido a los globos que se
cuelgan cuando los niños cumplimos años y los adultos toman mazamorras,
gelatinas de mil colores y luego ají de gallina y cerveza. Ellos son los que
mas se divierten en las fiestas infantiles. Luego que el abuelo cortó al globo,
tarareando una canción gitana, y diciendo luego las palabras mágicas “taran
tarin”, infló el globo cortado.
Los niños quedamos impresionados
tanto que lo que comentábamos toda la semana posterior era sobre el abuelo, el
mago y su globo magico.
José Ñique-Lima-Perú
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