CHARAPA
El boleto del viaje era para las doce del dia
y tenia dos horas para acomodar mi equipaje y enrumbarme al puerto fluvial.
Cuando llegué con mis maletas el barquito estaba lleno de monos y papagayos. El
encargado me llevo a mi lugar, que era una especie de asiento cerca de la proa,
en donde estaban sentados una vieja regordeta y un viejo cuya edad era
imposible descifrar. Me acomodé, saqué
de mi maletín el librito “Agua” de Arguedas y me puse a leer. Tenía que viajar
cinco días a Pucallpa y ese dia iniciábamos el periplo.
La primera noche hacía un calor insoportable
y me dirigí a dormir. Me indicaron una camita de madera y con entereza me
acomode. Los mosquitos y zancudos no me dejaban dormir. Estaba en esos trajines
cuando de pronto un tipo alto se acercó hacia donde estaba y me dijo: “¿Oiga
amigo no quieres una charapita?”. Yo sorprendido le pregunté que quería decir,
y el hombre repitió fastidiado “Una putita chibola tengo, pero si no quieres,
no te molesto” y se largó.
José
Ñique-Lima-Perú
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