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miércoles, 10 de julio de 2013

CHARAPA


El boleto del viaje era para las doce del dia y tenia dos horas para acomodar mi equipaje y enrumbarme al puerto fluvial. Cuando llegué con mis maletas el barquito estaba lleno de monos y papagayos. El encargado me llevo a mi lugar, que era una especie de asiento cerca de la proa, en donde estaban sentados una vieja regordeta y un viejo cuya edad era imposible descifrar. Me acomodé,  saqué de mi maletín el librito “Agua” de Arguedas y me puse a leer. Tenía que viajar cinco días a Pucallpa y ese dia iniciábamos el periplo.

La primera noche hacía un calor insoportable y me dirigí a dormir. Me indicaron una camita de madera y con entereza me acomode. Los mosquitos y zancudos no me dejaban dormir. Estaba en esos trajines cuando de pronto un tipo alto se acercó hacia donde estaba y me dijo: “¿Oiga amigo no quieres una charapita?”. Yo sorprendido le pregunté que quería decir, y el hombre repitió fastidiado “Una putita chibola tengo, pero si no quieres, no te molesto” y se largó.



José Ñique-Lima-Perú


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