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viernes, 14 de febrero de 2014

AGLAYA

Aglaya esperaba en la plaza Roja. La tarjeta que llevaba en su falda era para ser entregada personalmente al director de la oficina de telégrafos, Valentin Krilov, quien era el responsable de la célula a la que pertenecía Aglaya. Se habían encontrado la noche anterior en el hotel G, y eran amantes desde hacia cuatro meses. El encargo de  llevarle la tarjeta lo había recibido en la mañana y ademas de dispararle en plena vía sin errar en el atentado. Krilov tenia que morir. En la plaza inmensa se respiraba aire puro y la chica temblaba por el terror y el miedo del encargo que lo llevaría a asesinar al hombre que amaba. El  hombre que le había visitado en su casa, le había  sustentado con hechos y pruebas irrefutables sobre la necesidad de acabar con el agente del servicio de inteligencia. Krilov se demoraba demasiado y eso ponía nerviosa a Aglaya. De pronto apareció James Bond en escena. Aglaya no podía equivocarse. Era el americano mas famoso que estaba paseándose por la Plaza Roja. Estaba ahí, cerca de ella, en sus narices. Se olvidó de Krilov y siguió al agente 007  para abordarlo y pedirle un autógrafo. James sabia que tenia que encontrase con una doble agente rusa y de seguro que la chica que le seguía era tal agente.

La música la pusieron unos novios que se tomaban fotos cerca a la iglesia de San Basilio.

Cuentos cortos por Jesus Maria.

Jose Ñique

Lima-Peru.

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