BAH EL BOXEO
Orlando Romerito tenía que pelear con Bon Bon Manzini en Nevada. La lucha
definía al campeón panamericano y la bolsa era de trescientos mil dólares.
Orlando había llegado a ese momento porque tenía una buen jab de derecha. Su madre
le tenia una confianza bárbara tanto que era su primer hincha y también su
primera consejera de cómo debía enfrentar las peleas. Así, escuchando a su
vieja había ganado diez peleas seguidas.
“Ya sabes hijito” le decía
mientras le hacia las cachangas en la sartén humeante y llena de aceite. “Si
ese Manzini se te adelanta y te madruga, ya no lo vas a contar” “Seguro Mama eso va pasar así, como tú lo dices” sonreía
Romerito y colocaba la ropa en la maleta para el viaje de la madrugada. En las
noticias que pasaban en la tele se referían al Campeón Romeritos, al héroe Inka…
Cuando estaba por terminar la pelea y la cicatriz en el rostro
desangraba, Manzini le clavó un gancho de derecha en pleno mentón y Romerito
cayó pesadamente cerca de su esquina para nunca levantarse.
José Ñique-Lima-Perú

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